Cuánto tiempo hace que no me pasaba por aquí… No tenía muy claro cómo titular la entrada de este día. Lo he estado pensando bastante tiempo, porque se supone que este día debería ser uno de esos grandes días de celebraciones, con infinidad de familiares y amigos.
Pero las circunstancias mandan. Y a veces uno no es capaz de adaptarse a ellas. A finales del mes pasado, cuando estábamos con la gente del pueblo en una casa rural, disfrutando de unos momentos que presumían ser inolvidables, un resbalón inoportuno, una mesa cuyas patas eran un arado (¡un arado!) hicieron que un fuerte golpe me cortase el tendón del dedo índice de la mano derecha.
De ahí urgencias, de urgencias al Hospital de Cuenca, y allí me comunicaron una noticia que no esperaba. Tenia el tendón partido y había que coserlo inmediatamente. Y además me pondrían una férula, porque no puedes mover el dedo en tres semanas si te cosen un tendón. Es uno de esos momentos en los que ves tu vida pasar por delante, pero al revés. Ves todo lo que iba a pasar que ya no va a suceder, como ese viaje a la playa que tenemos previsto para el día siguiente.
Pero la vida es así. El resumen es que he tenido que cogerme la baja, ¡un autónomo cogiendo una baja! porque como comprenderéis, con la escayola no puedo hacer casi nada. Este dedo es básico para el click del ratón… Aporreo teclas lentamente con la mano izquierda, y gracias a las nuevas tecnologías puedo convertir mis palabras dichas en voz alta en texto escrito.
Lo sentí por los peques. Por Ana, que tenía sus días de vacaciones, y por los peques. Y también lo sentí por la fiesta. Soñaba que al cumplir medio siglo, celebraría una fiesta como aquella que me hizo Ana por sorpresa cuando cumplí los 40. Una fiesta en la que estaría rodeado de un montón de familiares y amigos, en la que podría hablar con todo el mundo.
A pesar de que íbamos tarde para la organización, porque mayo y sobre todo junio han sido unos meses laborales para olvidar, siempre tenía la esperanza de poder hacer algo decente. Quizá un fin de semana en el pueblo, quizá el siguiente en Madrid, pero al final no podrá ser nada de eso.
Así que, familiares y amigos, se pospone la fiesta. Familiares y amigos, os debo una fiesta. Algún día digo yo que me quitarán esta férula y que podré empezar a mover la mano más o menos con normalidad. Entonces habrá que aprovechar lo que queda de 2025 para celebrar, como se merecen, esos 50 años cumplidos.
Quizás sean micro-fiestas en «petit comité». Quizás sea una macro-fiesta, pero un poco más tarde. Pero el caso es que hay que celebrar, porque los últimos 15 años han sido, sin duda, los años más pasionales de mi existencia. Se cumplió mi sueño de vivir con Ana. Nos casamos. Perdí seres muy cercanos y muy queridos. Gente nueva entró en mi vida. Hemos tenido tres hijos maravillosos. He sabido lo que es quedarse en paro. Me he hecho autónomo. He organizado bodas de oro. Me he roto huesos y tendones.
Y a pesar de que estoy un poco cansado, alzo la vista y miro al futuro con incertidumbre, pero con la misma pasión de cuando tenía 25. Y por qué no decirlo, también con optimismo. Pero no quiero ponerme filosófico ahora y divagar sobre qué nos deparará la vida, cuando ya el jamón hace tiempo que le dimos la vuelta, y encima sabes que toca la parte dura, esa que está más cerca del hueso…
Lo que sí que voy a decir es que ahora una de mis palabras favoritas es COMPARTIR. Así que, querida persona, si estás leyendo esto, posiblemente estés dentro de mi círculo. No sé si estarás muy cerca, o si estarás algo más lejos, pero estoy seguro que si lo estás leyendo, es porque que me guste tomarme una caña contigo.
Así que, cuando nos veamos, ya sabes que tenemos una cerveza pendiente… O un vino, o una copa, o una agradable charla… ¿Por qué no todas? Tu decides.
Feliz vida. Os espero para compartir…