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Elsa y Víctor

Uno de los post que más ganas tenía de escribir, porque Víctor es uno de los amigos que más lejos tengo… Y escribir sobre él significa que le he vuelto a ver… Y posiblemente hayamos salido a tomar algo 🙂

Elsa y Víctor llevan ya un tiempo juntos, aunque quizá, dentro de mis mejores amigos, Elsa es las parejas que menos tiempo conozco. Pero lo que puedo decir de ella es que Víctor está feliz. Elsa es dulce y agradable, inteligente y siempre con una sonrisa en la boca. Y coincide que cuando nos vemos es un momento especial, siempre con amigos y siempre celebrando algo. Me alegra que mi amigo esté con ella, y ojalá que pudieran estar más tiempo juntos… Porque los trabajos mandan, y Víctor está actualmente en Costa Rica. Pura vida.

Víctor es uno de esos amigos que conozco hace mucho, mucho tiempo. De la época buena, posiblemente entró en el pack de colegas que conocí a la vez, junto con Chemary y Javi (mi añorado Patillas). Qué puedo decir de él… Pronto nos unió algo que los demás no tenían, y es que estudiábamos una carrera. A veces hacíamos como que teníamos que estudiar y no salíamos un sábado, supongo que la conciencia nos podía… Pero nos desquitábamos bien 🙂

El tiempo fue pasando, y la amistad creciendo. Tengo a sus hermanos como amigos y millones de recuerdos imborrables… Momentos con su padre en casa, llenos de humo, mientras le esperábamos para ir a comernos (o bebernos) un sábado más… Miles de anécdotas en el pueblo, batiendo récords de cañas rematando con un pisto de cuatro kilos para cuatro… Podría no acabar de contar cosas… Y como toda relación, tubo sus altibajos, pero volvió para quedarse con más fuerza que nunca. Lo bueno que tienen los buenos amigos es que hablar claro, con vino, lo arregla todo 🙂

Cuando pasó todo aquello del Patillas, él estaba fuera también, y no pudo venir. Recuerdo cuando le llamé para darle la triste noticia. Recuerdo sus palabras, y recuerdo que fue uno de los momentos más difíciles de mi vida… Porque Víctor estaba lejos, y no pudo venir ni siquiera al homenaje que montamos para Javi. Por eso, cuando volvió a España, quedé con él y nos despedimos de nuestro amigo en privado. Él y yo solos, mano a mano… Había mucho que hablar, mucho que llorar, y mucho que reír mirando hacia delante.

Hoy hemos vuelto a quedar. Ha habido un momento en que su hermano Suso nos ha acompañado, pero los bebés mandan y ha tenido que ausentarse 🙂 Al final ha sido un mano a mano como aquella vez que homenajeamos a Javi. Igual de glorioso. O más. Muchas conversaciones, muchos recuerdos, también lágrimas, y muchas risas con aires de esperanza. Uno de esos días que marcas en tu calendario, porque te rejuvenecen diez años. Por eso y por muchas cosas más quiero tanto a mi colega…

Posiblemente no le vuelva a ver hasta el verano, o hasta la Navidad siguiente. Pero volveremos a reservar un día para rejuvenecer de nuevo… como en los buenos tiempos 🙂